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Juventud 16/04/201111

Las causas del fracaso

Juventud descendió por segunda vez en doce meses. Atrás quedó el orgullo de ser el único equipo de la ciudad que jugaba en un torneo de mayor jerarquía, como el Argentino A. La huída y posterior aparición para colaborar del máximo hacedor de esta historia, Carlos Grondona, las malas decisiones de la actual dirigencia, un entrenador que abandonó en meses un proyecto que abarcaría tres temporadas, las erráticas incorporaciones, el escaso apoyo de sus hinchas y las bajas actuaciones de los principales jugadores, llevaron a Pergamino a perder una plaza en el Argentino B.

El ex entrenador de la Selección Argentina, Carlos Bilardo, promulgó cuando era jugador de Estudiantes de La Plata, una frase que simplifica metafóricamente el sentimiento del hincha argentino: “En este país no hay alternativas, es La Gloria o Devoto”.

Y para Juventud hoy es Devoto. Pero para llegar hasta esta situación pasó mucha agua debajo del puente. Porque el celeste no se fue al descenso este sábado en Las Parejas, sino que lo hizo mucho antes.

Esta historia de incursionar en los campeonatos del Consejo Federal comenzó por el 2003, cuando el presidente de entonces, Carlos Grondona, financió una tras otra, campañas suculentas desde lo económico.

Por esa vía, el club de la ribera fue invitado en el 2004 a un torneo que la Asociación del Fútbol Argentino creó: el Argentino B Vip, que otorgó 6 ascensos al A. Juventud ganó el repechaje, y fue el séptimo ascendido.

Pero no todo lo que brilla es oro, y en algunas ocasiones, el árbol tapó el bosque. Los hinchas se convirtieron en sigrondonistas, y todo lo que el mandamás proponía, debía tener la aceptación del resto.

Así se autorizó la venta del predio de Avenida Pellegrini, un polideportivo que fue parte de la historia grande del celeste deportivamente hablando, para comprar un terreno donde construiría el nuevo estadio (Juventud venía haciendo de local en Argentino).

El flamante reducto fue inaugurado en el 2009. Sin embargo, el club hipotecó un lugar para sus asociados, y divisiones inferiores, que dejaron de contar con un espacio físico, además de entrenar en sitios diferentes.

Las comisiones directivas que se fueron formando eran ficticias. Todo lo decidía quien ponía el dinero, y esa arma resultó letal. Grondona, armó y deshizo a piacere todo lo referente a lo futbolístico. Eligió técnicos, jugadores, tomó desiciones, entre otras cuestiones.

El celeste navegó siempre por el fondo de la tabla, hasta que en el 2010 descendió al Argentino B. Y con éste llegó la ida de don Carlos de la institución, con todo lo que eso implicaba.

Hubo que restituirse. Por primera vez en su etapa en los campeonatos federales, Juventud debió generar recursos propios para acercar dinero, sin contar con alguien que lo saque de su bolsillo todos los meses.

Se formó una nueva comitiva de fútbol. Algunos sin experiencia en estos certámenes, pero sí con la voluntad de trabajar para sacar lentamente al club adelante. Aunque desde el inicio se cometieron falencias.

Juventud fue siempre, en su corta historia en estas competencias, un productor incansable de jugadores de su cantera, o bien fue el lugar en el cual jóvenes de otras instituciones encontraron su lugar para mostrarse en el fútbol nacional.

Hoy en día, equipistas con vidriera celeste triunfan en otras ciudades o clubes. Lamolla y Ermini en Juventud Antoniana, Alesandroni y Jorge en Unión de Mar del Plata, Mulieri y Quiroz en Deportivo Madryn, Sosa y Yabrón en Alvarado, y Córdoba en Douglas, son algunos de los ejemplos.

Pero esta directiva, escudados por el nuevo entrenador, echó a tres productos genuinos de la institución, como Fontana, Miranda y Quiroz-debió quedarse porque tenía un año más de contrato pero no fue tenido en cuenta-, antes de arrancar la pretemporada.

La elección del nuevo técnico también fue un desacierto. Víctor Zwenger venía de una gran campaña en Huracán de Tres Arroyos en el Argentino A, y si bien esperó hasta último momento para arreglar condiciones con equipos de esa categoría, el oriundo de Darragueira terminó aceptando la última oferta laboral con la que contó, la de Juventud.

Pero el error no suscitó en el nombre en sí, sino en que un coach de ese cartel-y muy costoso- no iba a encontrar un plantel acorde a su manera de trabajar, ya que el elenco pergaminense se constituiría con un grupo diminuto y varios jóvenes sin experiencia, con el cual el objetivo inicial no sería el ascenso.

En la presentación de Zwenger, el encargado de la subcomisión de fútbol Oscar González, anunció con bombos y platillos un proyecto a largo plazo, de tres años de duración, en el cual el ex adiestrador del “globo” tresarroyense sería la cabeza.

Solamente arribaron como refuerzos Sebastián Portigliatti, Martín Navone, Diego Ramos y Raúl Becerra, y se consiguió la continuidad de varios que habían descendido del Argentino A, como Calomino, Aguilar, Benítez, Guidi, Candia y Bulgarelli. El resto, fue compuesto por chicos de la liga local.

El comienzo no fue bueno, todo lo contrario. La “juve” empezó con dos derrotas, y se logró reponer en 25 de Mayo, pero luego, el andar fue de irregular a bajo. El equipo jugaba mal, y todo se desencadenó cuando el 5 de diciembre ante Defensores de Belgrano de Villa Ramallo en su estadio, una bomba de estruendo arrojada desde la parcialidad local aturdió al línea Ricardo Sena, y no sólo provocó la suspensión del cotejo con la pérdida del match para Juventud, sino que significó también el castigo de dos fechas a la cancha.

En ese revuelo, Zwenger, aquél que había llegado para un proyecto ambicioso de tres años, terminó aceptando en medio del torneo, la tercera oferta que le había llegado desde que estaba en Pergamino (Alumni de Villa María y Santamarina) y se fue a Villa Mitre de Bahía Blanca.

Con semejante panorama, la sub comisión de fútbol convocó a asamblea y presentó la renuncia, pero los socios, y alguien muy particular en la historia del club, les hicieron rever la postura.

Carlos Grondona apareció otra vez en escena, y convenció a los 4 integrantes encargados de los destinos futbolísticos para que continúen en sus cargos, con la promesa de una colaboración económica de su aporte.

Si, Juventud se dio cuenta en pocos meses que no podía vivir sin don Carlos, y con su apoyo. Es por eso, que al regresar, aunque sea sin cargo fijo ni toma de desiciones, dejó de manifiesto una gran contradicción de la nueva dirigencia, que por lo bajo se jactaron de “arrancar un ciclo nuevo en Juventud, sin las desiciones autoritarias de Grondona”, pero ese sueño duró lo que un suspiro.

El 2011 arrancó con un nuevo entrenador. Rubén Pérez se hizo cargo de una empresa complicada, ya que el celeste arrancaba a dos puntos de la promoción y tres del descenso directo.

El “gallego” tuvo que elegir los refuerzos y ser puntual, ya que eran cuatro los cupos. Optó por grandes nombres, pero erró en los puestos. Llegó Luís Gómez para la zaga, el “patito” Tenaglia como mediocampista central, Cristian Fernández para que sea enganche, y Agustín Adorni, como punta por afuera.

Pero se fueron Leandro Candia y Diego Ramos, por distintos motivos. El “sapo” quiso retornar a Defensores de Salto, mientras que el ex Brown de Madryn fue separado por los dirigentes por indisciplina.

El técnico que logró el ascenso con los de la ribera al Argentino A en el 2005, sabiendo de la incómoda situación, propuso iniciar la segunda parte del torneo con un esquema muy ambicioso, con tres delanteros y un enlace, pero esto no le dio buenos dividendos.

Tras vencer a El Linqueño en la segunda presentación –hasta allí el puntero de la zona-, el equipo entró en una racha negativa de la que nunca más se pudo recuperar. Para colmo, los lesionados se convirtieron en moneda corriente semana tras semana, y sumado al éxodo de jugadores del plantel- Ferrari, Busso, Prado, Medina, Bontempo, Gómez Rojas, y los mencionados más arriba-, armar la estructura se le fue complicando a Pérez.

La cantidad de tareas a realizar desbordó a los dirigentes. Un ejemplo de esto es la incomunicación con el Consejo Federal, donde el cuerpo técnico se enteraba el jueves por la noche si tenía o no suspendidos en el Tribunal de Disciplina, y en un par de oportunidades, hubo que cambiar el once con el que se había ensayado en la semana.

Los elementos que contaron los jugadores para entrenar fueron mínimos. Varias fueron las veces que éstos no tuvieron agua caliente, y hasta hubo momentos en los que ni el pasto era cortado para desarrollar las prácticas de fútbol, a tal punto que Rubén Pérez amagó con renunciar.

Los últimos cotejos fueron un sufrimiento. A todas las contras mencionadas se le sumaron los arbitrajes pésimos, y el escaso apoyo de los hinchas, que nunca acompañaron al equipo en la presente campaña, y cuando Juventud más los necesitaba, asistieron a insultar a jugadores que en la cancha dejaron el alma, más allá de que es una realidad el bajo rendimiento de muchos.

Así, el descenso fue inevitable. Las cosas se hicieron mal antes y durante el campeonato, y el Argentino B es un torneo que no perdona estas ventajas que cedió Juventud.

Bajar al Torneo del Interior es prácticamente desaparecer. Es un certamen en el que entra cualquier club del país que lo desee, y sobre todo deficitario. Pero el objetivo del celeste no deberá ser intentar recuperar el terreno perdido en lo inmediato, sino recomponer lo institucional, aspecto en el que Juventud descendió hace tiempo…