Desilusión, dolor, decepción

#FederalA: Desilusión, dolor, decepción. No en todas las canchas nos atienden bien, lo sabemos, pero hay una que nos provocó todo aquello del comienzo de este párrafo: Argentino de Monte Maíz.
Este domingo, en el partido del Raya ante Ciudad de Bolívar vivimos por primera vez en tantos años de transmisiones, un hostigamiento demasiado violento. Desde que llegamos al “Modesto Marrone” y sobre todo hasta que nos fuimos el clima fue hostil de menor a mayor en intensidad.
En el entretiempo, una persona allegada al club que conocemos por las diferentes coberturas, nos amenazó con un “ustedes no vienen más acá”, todo porque le contamos, observación de la repetición de la jugada mediante, que en el gol anulado a Vera de Argentino, el jugador efectivamente estaba en off side, algo que lo enfureció, a tal punto que nos siguió insultando, esta vez con un dirigente del club de aliado, hasta que nos metimos nuevamente a la cabina para relatar el segundo tiempo. Y no termina ahí, ya que ni bien comenzado el complemento, esta persona irrumpió en plena transmisión, abrió la puerta violentamente proliferando a los gritos un “fue mano, penal, díganlo”, y cerró.
Cuando finalizó el encuentro, aproximadamente 10 personas desde la platea no pararon de putearnos sin ningún fundamento ni razón, sino por divertimento (una persona mayor que esbozó la mayor cantidad de insultos posible de su vida, terminó la frase con una sonrisa al resto de los presentes expresando “yo los puteo, no sé por qué, total de acá no me van a poder hacer nada, ja, ja”), sin que ninguno de los integrantes de este medio ni siquiera los mirara a la cara para evitar problemas mayores y así acelerar la culminación del proceso de catarsis de aquellos.
Y como si fuera poco, en la salida rumbo al auto para irnos, un grupo de 10/15 personas, entre las que se encontraban dirigentes, allegados a la CD y algunos que también habían participado de las cataratas de puteadas desde la platea, a una distancia de no más de 2 metros nos insultaron socarronamente sin parar hasta que nos pudimos subir al vehículo, gracias a Dios (lo que hay que agradecer!!), sin llegar a la agresión física y de los equipos de transmisión.
Lo peor? Que todo fue ante la atenta y privilegiada mirada de la policía y del máximo dirigente de la institución, que jamás atinó a frenar semejante situación de agravios.
Tampoco vamos a dejar de lado la agresión sufrida por el plantel de Ciudad de Bolívar en la salida del vestuario para subirse al micro, donde uno de sus jugadores referentes, Arnaldo González, además del chófer del colectivo, y los directores deportivos, Martín Palisi y Maximiliano Cavallotti, fueron golpeados por gente que se encontraba en la mencionada zona y con las fuerzas de seguridad sin intervenir, al punto que el número 10 se fue con la cara hinchada producto de una trompada.
Repetimos, jamás nos había pasado en ninguna de las tantas canchas (y eso que estuvimos en Chacarita, Almirante Brown, Los Andes, All Boys, Chicago, Defensa y Justicia, Deportivo Merlo, entre otras) que recorrimos desde nuestros comienzos hasta hoy, e incluso muchas veces relatando desde tribunas, sin embargo lo peor es que se dio en la que menos nos imaginábamos, con gente que nos había tratado siempre de maravillas, con buena onda y más aún con educación y respeto. Se ve que se terminaron esos valores y son uno más de los tantos generadores de violencia que tenemos en nuestra sociedad.
No obstante, no están todos en la misma bolsa. Queremos agradecerles a Matías y los mozos de la Sede Social por la cordial atención de siempre, a Leonel Brandoni, que se portó de 10 con nosotros y además de su buena onda nos hizo un regalo para nuestro trabajo que será de suma utilidad, y al nene –nunca nos dijo su nombre- que en medio de las puteadas nos pidió una foto.
La pasamos mal, es verdad, no es fue una situación linda ni deseada y no la imaginamos nunca en ese sitio. Creíamos al Raya gente amiga y noble. Nos equivocamos, aunque esto sigue, como el fútbol, y los desafíos profesionales no nos van a detener. Ya lo dice la vieja frase, cuanto más conozco a la gente…
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